Este 4 de abril, Martes Santo, el Santo Padre nos recuerda en un tuit que, “De la cruz brota el perdón, renace la fraternidad: la cruz nos hace hermanos”. #SemanaSanta
“De la cruz brota el perdón, renace la fraternidad: la cruz nos hace hermanos”, es el tuit del Papa Francisco para este 4 de abril, Martes Santo, en el cual nos recuerda que en el Calvario tuvo lugar el gran duelo entre Dios que vino a salvarnos y el hombre que quiere salvarse a si mismo. Los brazos de Jesús, abiertos en la cruz, indica el Pontífice, marcan un punto de inflexión, porque Dios no señala con el dedo a nadie, sino que abraza a todos. Porque sólo el amor deja lugar al otro. Sólo el amor es el camino para la plena comunión entre nosotros.
En este tuit, resuenan las palabras que pronunció el Santo Padre la tarde del 20 de octubre de 2020, en la Plaza del Capitolio de Roma, durante el 34 Encuentro Internacional por la Paz que tenía como tema “Nadie se salva sólo. Paz y fraternidad”, organizado por la Comunidad de San Egidio.
La última provocación al Dios crucificado
En aquella ocasión, durante la Oración de los cristianos, en la Basílica de Santa María de Aracoeli, cuando la humanidad comenzaba a salir de la pandemia, el Pontífice reflexionaba sobre la última tentación que le lanzaban a Jesús, pocos instantes antes de su muerte, la de pensar sólo en sus propios intereses: “Sálvate a ti mismo”.
“Sálvate a ti mismo. Lo dicen primero «los que pasaban» (v. 29). Era gente común, que había escuchado hablar a Jesús y lo habían visto hacer prodigios. Ahora le dicen: «Sálvate a ti mismo bajando de la cruz». No tenían compasión, sino ganas de milagros, de verlo bajar de la cruz. Quizás también nosotros preferiríamos a veces un dios espectacular más que compasivo, un dios potente a los ojos del mundo, que se impone con la fuerza y desbarata a quien nos odia. Pero esto no es de Dios, es nuestro yo. Cuántas veces queremos un dios a nuestra medida, más que llegar nosotros a la medida de Dios; un dios como nosotros, más que llegar a ser nosotros como Él. Pero así, en vez de la adoración a Dios preferimos el culto al yo. Es un culto que crece y se alimenta con la indiferencia hacia el otro”.
Publicado por Mauricio



