El nearshoring emerge como un fenómeno económico clave en la era post-pandémica, impulsando la necesidad de agilizar las cadenas de suministro y mejorar la eficiencia productiva. México, beneficiándose de su proximidad a Estados Unidos y del TMEC, se posiciona estratégicamente para capitalizar este modelo de producción. Sin embargo, la magnitud de esta ventaja no debe oscurecer los desafíos pendientes ni el análisis detallado de lo que se requiere para una implementación sostenible a nivel nacional, prueba de ello es la preocupación de que países como Vietnam puedan representar una amenaza competitiva para México.
El norte de México ha sabido posicionarse como líder en atraer Inversión Extranjera Directa (IED), de la cual se proyecta una captación superior a los 100 mil millones de dólares en los próximos tres años. Las claves de este éxito no son sólo la seguridad y los costos operativos competitivos. Según un informe de la organización Caminos de la Libertad, Emprender México, Nuevo León, Sonora y Coahuila destacan por su seguridad energética, menor burocracia, una mayor facilidad para iniciar negocios y seguridad jurídica.
Contrastando con esto, estados como Oaxaca y Chiapas se enfrentan a retos significativos, incluyendo altos niveles de informalidad y problemas en los servicios básicos como la electricidad.
Frente a este panorama, surge la pregunta: ¿cómo podemos propulsar al resto del país hacia un desarrollo económico equitativo y competitivo? Las regulaciones excesivas, las prácticas proteccionistas y los privilegios industriales, a menudo limitan la construcción de un ecosistema favorable para la competencia. A pesar de que los incentivos fiscales pueden ofrecer una mejora temporal en la viabilidad de los corredores industriales, se requiere una visión a largo plazo que aborde la reforma del marco regulatorio y la simplificación de procesos burocráticos.
Publicado por Mauricio



