
Por Raymundo Riva Palacio
La película de Saab empieza el lunes
Alex Saab saca sus cuentas: de no colaborar con la justicia le esperan al menos 20 años en la cárcel; saldría a los 70 años, con la vida acabada. Si habla, sólo estaría seis años preso
MIAMI, Florida.- El prestanombres de Nicolás Maduro, preso en esta ciudad desde la madrugada del sábado 16 de octubre, sabe si Venezuela posee armamento nuclear o misiles de largo alcance, entregados por Irán.
Alex Saab, el ahora mundialmente famoso y millonario testaferro de la tiranía venezolana, pidió aplazar la audiencia ante el juez hasta el lunes de la próxima semana, mientras decide hablar o enmudecer.
De por medio está la seguridad nacional de Estados Unidos.
Y medidas expeditas de las autoridades de este país para hacer efectiva la orden de captura del presidente ilegítimo de Venezuela.
Es decir, que fuerzas especiales de Estados Unidos capturen y lleven a una cárcel de Florida a Nicolás Maduro –como hizo George H. W. Bush con el narcopresidente panameño Manuel Antonio Noriega.
¿No es para tanto?
Sólo Saab, Maduro y el ayatola Alí Kamenei, máxima autoridad política y religiosa de Irán, lo saben.
Hace dos semanas el periodista Andrés Oppenheimer publicó en The Miami Herald que Saab, como enviado de Maduro ante el jerarca iraní, pudo haber negociado la entrega de proyectiles a Venezuela capaces de llegar a Estados Unidos.
Algo así como los misiles que envió Khrushchev a Cuba en 1962, y que puso a Estados Unidos y a la Unión Soviética al borde de la guerra nuclear.
Oppenheimer refiere que en una audiencia del Senado, en junio, le preguntaron al secretario de Defensa, general Lloyd Austin, si los buques iranís detectados rumbo a Venezuela con armamentos, podrían haber llevado armas sofisticadas. El militar respondió: “Estoy absolutamente preocupado por la proliferación de armas de cualquier tipo en nuestro vecindario”.
El prestigiado periodista citó a la revista colombiana Semana, que publicó el pasado 10 de septiembre que aviones iranís llevaron a Venezuela mil 50 misiles, 400 bombas, 500 cohetes y 35 radares.
Quien conoce el alcance de la colaboración militar venezolano-iraní es Alex Saab, que fue extraditado desde Cabo Verde a Miami el mes pasado.
En Cabo Verde había bajado su avión para reabastecer combustible y continuar su viaje a Teherán.
Saab tiene que tomar la decisión más importante de su vida. Y las dos tienen un alto riesgo para él.
Hablar: su esposa Camila Fabri, italiana de 27 años, está en Caracas y los agentes de la seguridad bolivariana no la dejan ni a sol ni a sombra.
Al día siguiente de que Saab llegó esposado a Miami, el gobierno venezolano organizó un mitin en la plaza Bolívar de Caracas, en solidaridad con el empresario y agente de Maduro.
La imagen y el dicho fue elocuente: la oradora fue Camila Fabri, quien estaba ostentosamente rodeada por agentes del servicio de inteligencia y seguridad, y brevemente dijo que “mi esposo Alex Saab jamás se doblegará”.
Esa escenografía no fue diseñada para atemorizar a Estados Unidos, sino para acobardar a Alex Saab.
Si habla, tienen a su esposa, a la que tanto quiere, según dice.
Ella no saldría viva de Venezuela (aunque, si sale, tiene orden de aprehensión en su país natal: ella vendía ropa con un salario de 2 mil dólares al mes, y de pronto compró un departamento de 5 millones de dólares en la Via Condotti, de Roma, dos pisos encima de la tienda Bulgari, con obras de arte valuadas en poco más de 2 millones de dólares. Todo eso está confiscado y se le abrió proceso por blanqueo de dinero).
Si Saab calla, salva a su esposa, pero –según indica Semana– su hijo mayor, del primer matrimonio de este insigne socialista y bolivariano, iría preso en Estados Unidos, donde es investigado por lavado de dinero.
El empresario saca sus cuentas: de no colaborar con la justicia le esperan al menos 20 años en la cárcel. Saldría a los 70 años, con la vida acabada.
Si habla, sólo estaría seis años preso.
Conocedor de los riesgos de una u otra decisión, Saab puede alargar el proceso para negociar en el transcurso. Declararse inocente y esperar al juicio.
Hay otros pendientes. De acuerdo con el Departamento del Tesoro, en México operó con la complicidad de empresarios locales un robo al erario venezolano por 300 millones de dólares, realizado en 2020.
Compró a empresarios mexicanos mil camiones cisterna y un cargamento de maíz para combatir el hambre en el país bolivariano. Pero fue una farsa.
De los camiones sólo llegaron 500, y se pagaron mil, a sobreprecio. Del maíz no llegó ni una mazorca a Venezuela.
A cambio, Saab dio a los empresarios mexicanos 30 millones de barriles de petróleo.
¿Dónde fue a parar el dinero de esa operación fraudulenta?
El lunes es la próxima audiencia, y sabremos el curso que toma esta película.