WASHINGTON- Seis días antes de las elecciones, más de una veintena de los principales estrategas del presidente Donald Trump se conectaron a una videollamada privada.

El ambiente era sombrío. La conversación comenzó con comentarios sobre cianuro.

“¿Quieren primero la píldora blanca o la píldora negra?”, preguntó Tony Fabrizio, el encuestador jefe del presidente.

Tim Saler, uno de los principales consultores de datos del Partido Republicano, planteó dos escenarios. En el primero, el súper PAC MAGA Inc., de 400 millones de dólares, estaba llegando a los votantes a los que quería alcanzar y de los que esperaba que votaran. “Ese es el escenario optimista”, dijo.

El otro era una aniquilación.

“Estoy poniendo mis asuntos en orden”, dijo entre risas James Blair, quien dejó la Casa Blanca para supervisar la estrategia de las elecciones intermedias del presidente, según cuatro personas que estuvieron en la llamada. “Sugiero que todos los demás hagan lo mismo”.

Durante aproximadamente 30 minutos, la llamada transcurrió con humor negro: arreglos funerarios, comida de prisión, indultos presidenciales, incluso un breve acto de improvisación sobre huir del país.

“Al menos Bibi ganó. Nos protegerá”, dijo Blair sarcásticamente sobre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuyo país había votado el día anterior (el bloque de Netanyahu no logró una mayoría, y su partido pronto afirmó que la elección había sido robada).

“Tal vez podríamos pedir asilo en Israel”, dijo Fabrizio.

COLAPSO EN LAS URNAS

Una semana después, la magnitud del colapso republicano sería evidente.

Los demócratas irrumpieron con una enorme mayoría en la Cámara de Representantes y obtuvieron el control del Senado, una hazaña sobresaliente impulsada por victorias en bastiones republicanos, Kansas, Carolina del Sur, Texas, que pocos podrían haber imaginado hace un año.

Este relato del colapso del Partido Republicano se basa en entrevistas con más de 70 personas, entre ellas legisladores, estrategas políticos, líderes del partido, encuestadores, funcionarios de la Casa Blanca y asesores del Congreso, que estuvieron involucradas directamente en las elecciones de mitad de mandato, a muchas de las cuales se les concedió el anonimato para poder describir conversaciones y decisiones privadas.

La dimensión de la derrota distaba mucho de ser inevitable.

Los republicanos tenían una recaudación de fondos histórica, al hombre más rico del mundo, un fallo favorable de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre el financiamiento de campañas electorales y una oposición desmoralizada e impopular.

En el Senado, tenían un mapa que requería que los demócratas compitieran en estados que no habían ganado en décadas.

Y en la Cámara de Representantes, el equipo de Trump acabó con la tradición de volver a trazar las líneas del Congreso sólo una vez por década para dividir nuevos distritos que ayudaran al Partido Republicano a ganar terreno. reforzar su estrecha mayoría.

Lo que los republicanos no pudieron superar fue a un presidente que perdió la confianza del pueblo estadounidense en la economía y en muchos otros temas. Y con lo que no habían contado era con una guerra impopular en Medio Oriente, una que cerraría el estrecho de Ormuz y elevaría los precios de la gasolina arriba de los 4 dólares por galón (1.05 dólares por litro), que haría estragos hasta llegar a las elecciones.

Y, esta vez, los demócratas estaban listos para aprovechar los errores del Partido Republicano.

UNA CRUDA ADVERTENCIA SOBRE LA GUERRA EN IRÁN

La presentación de diapositivas que Blair había compartido en el verano entre los funcionarios del Ala Oeste de la Casa Blanca era dura.

Una diapositiva vinculaba los números de las encuestas de los republicanos con una línea de tiempo de la guerra en Irán.

Mostraba cómo la ventaja demócrata se había inflado durante las hostilidades activas, se había reducido durante las conversaciones sobre un “memorándum de entendimiento” y luego había vuelto a aumentar cuando el alto al fuego se desmoronó.

Para fines de julio, los demócratas tenían una ventaja de 10 puntos en la boleta congresional.

La “conclusión” era difícil de ignorar. Estaba resaltada en amarillo: de manera concebible, los republicanos aún podrían ganar la Cámara de Representantes si los demócratas solo tuvieran una ventaja de cuatro puntos. “Pero eso no sucederá sin un alto al fuego prolongado, Ormuz abierto y los precios de la gasolina cayendo”, advertía la diapositiva.

Publicado por Mauricio